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sábado, 19 de diciembre de 2015

La Cibeles y el calor de agosto

La Cibeles sin agua; y el calor de agosto que todo lo penetra. Es de noche y el paso entrecruzado de vehículos distrae al que pacientemente aguarda el autobús. La furia de un motorista rompe, por un momento, la curiosa armonía de unos que van y otros que aparecen, Alcalá arriba o al contrario.

Por Recoletos, desde la monumental plaza que conmemora la gesta de Colón, y, además, sirve de prólogo a la Castellana, una linda guagua, roja y brillante -nectarina madura-, aproxima a la acera del bulevar su carga de turistas embobecidos, casi coritos por el calor que no acostumbran. Están de moda estos mastodontes de dos pisos. Por unos duros te pasean por el Madrid histórico, por el Madrid monumental o por el Madrid abucheado de fluorescentes que reclaman la atención hacia tal o cual marca: la sociedad consumista del siglo XX se ha instalado, con premura y diligencia, como aldabillo en el matacán de la globalización del siglo XXI. Nadie puede con esta Revolución.

Hace unos años, no muchos, todavía podíamos soñar con hacer las revoluciones en los cafés. Y muchos de nosotros creíamos que el mundo iba a cambiar gracias a ese esfuerzo intelectual y cafeteril.

En las tertulias del Gijón se ha estrujado la mocha más de uno, se ha hablado con altivez y recancanilla a destajo, y se ha remejido a gusto la existencia, el marxismo y otros ismos de efímera vida.

Cuando la pasma surgía, el peje se hacía soca, y con atildamiento nada disimulado sacudía el tamo de los pecados perpetrados en el conventículo.

Presencié esa interpretación grotesca en alguna ocasión. Entonces marchaba triste y desorientado a mi mechinal de la calle Echegaray. La murria podía conmigo.

Poquito a poco, mis revoluciones se vinieron abajo.

Hoy, talludito ya, entré en el Gijón; lo de siempre, un café y un vaso de agua fría. Una escasa media hora contemplando el paisaje y, como diría mi idolatrado Cela, el paisanaje. Todo sigue igual, más o menos, aunque el rincón más auténtico siga siendo el de Alfonso, sin la menor duda.

¿Sabrán los turistas del autobús bermejo que en el Gijón se luchó contra lo que hoy, entre todos, hemos conseguido?


                                                         Madrid, 9 de agosto de 2001

jueves, 17 de diciembre de 2015

ACERCA DE LA TEORÍA GENERAL DEL INTERÉS, EL EMPLEO Y EL DINERO DE JOHN MAYNARD KEYNES

Dada la propensión a consumir y la tasa de nueva inversión, sólo puede existir un nivel de ocupación compatible con el equilibrio, ya que cualquier otro produciría una desigualdad entre el precio de la oferta global de la producción en conjunto y el precio de su demanda global. Este nivel no puede ser mayor que el de la ocupación plena, es decir, el salario real no puede ser menor que la no utilidad marginal del trabajo; pero no existe razón, en lo general, para esperar que sea igual a la ocupación plena.

La demanda efectiva que trae consigo la plena ocupación es un caso especial que sólo se realiza cuando la propensión a consumir y el incentivo para invertir se encuentran en una relación mutua particular. Esta relación particular, que corresponde a los supuestos de la teoría clásica, es, en cierto sentido, una relación óptima; pero sólo puede darse cuando, por accidente o por designio, la inversión corriente provea un volumen de demanda justamente igual al excedente del precio de la oferta global de la producción resultante de la ocupación plena, sobre lo que la comunidad decidirá gastar en consumo cuando la ocupación se encuentre en ese estado.

Esta teoría puede resumirse en las siguientes proposiciones:

1) En determinada situación de la técnica, los recursos y los costos, el ingreso (tanto monetario como real) depende del volumen de ocupación N.

2) La relación entre el ingreso de la comunidad y lo que se puede esperar que gaste en consumo, designada por D1 dependerá de las características psicológicas de la comunidad, que llamaremos su propensión a consumir. Es decir, que el consumo dependerá del nivel de ingreso global y, por tanto, del nivel de ocupación N, excepto cuando ocurre algún cambio en la propensión a consumir.

3) El volumen de trabajo que los empresarios deciden emplear depende de la suma (D) de dos cantidades, es decir: D1, la suma que se espera gastará la comunidad en consumo, y D2, la que se espera que dedicará a nuevas inversiones. D es lo que antes hemos llamado demanda efectiva.

4) Desde el momento que D1 + D2 = D = F(N), en donde F es la función de la oferta global, y como, según hemos visto en 2), D1 es función de N, que puede escribirse X (N), dependiendo de la propensión a consumir, se deduce que F(N) - X (N) = D2.

5) De aquí se desprende que, en equilibrio, el volumen de ocupación depende: 
a) de la función de la oferta global, F 
b) de la propensión a consumir, X 
c) del volumen de inversión, D2. 
Esta es la esencia de la teoría general de la ocupación.

 6) Para cada valor de hay una productividad marginal correspondiente de la mano de obra en las industrias de artículos para asalariados, la que determina el salario real. El párrafo 5) está sujeto, por tanto, a la condición de que no puede exceder de aquel valor que reduce el salario real hasta igualarlo con la no utilidad (el desempleo estructural) marginal de la mano de obra. Esto quiere decir que no todos los cambios en D son compatibles con nuestro supuesto provisional de que los salarios nominales son constantes. Por esta razón será necesario, para realizar una exposición más completa de nuestra teoría renunciar a esta hipótesis.

7) En la teoría clásica, de acuerdo con la cual D = F(N) para todos los valores de N, el volumen de ocupación está en equilibrio neutral en todos los casos en que sea inferior al máximo, de manera que puede esperarse que la fuerza de la competencia entre los empresarios lo eleve hasta dicho valor máximo. Sólo en este punto, según la teoría clásica, puede existir equilibrio estable.

8) Cuando la ocupación aumenta, D1 hará la propio, pero no tanto como D; ya que cuando el ingreso sube, el consumo lo hará también, pero menos. La clave de nuestro problema práctico se encuentra en esta ley psicológica; porque de aquí se sigue que cuanto mayor sea el volumen de ocupación, más grande será la diferencia entre el precio de la oferta global (Z) de la producción correspondiente y la suma (D1) que los empresarios esperan recuperar con los gastos de los consumidores.

Por tanto, si no ocurren cambios en la propensión a consumir, la ocupación no puede aumentar, a menos que al mismo tiempo D2 crezca en tal forma que llene la diferencia creciente entre y D1, Por consiguiente, el sistema ecónomo puede encontrar en sí mismo un equilibrio estable con a un nivel inferior a la ocupación completa, es decir, al nivel dado por la intersección de la función de demanda global y la función de oferta global -excepto en los supuestos especiales de la teoría clásica, de acuerdo con los cuales actúa alguna fuerza que, cuando la ocupación aumenta, siempre hace que D2 suba lo suficiente para cubrir la distancia creciente que separa a de D1.

CONCLUSIÓN

Las políticas socialistas del PSOE y otros congéneres de algunas naciones, están basadas en esto que Keynes expone tan magistralmente, pero que no deja de ser una falacia y para un tiempo y condiciones dado.

Quiero decir que, si la demanda produce el consumo y si esa demanda es excesiva, a consecuencia de subidas salariares mayores, el riesgo de caer en una inflación es seguro y contraproducente, pues corta la marginalidad del empresario que invierte para extraer una recompensa a cambio de ello.

En algunos regímenes dictatoriales y populistas, eso lo arreglan con la máquina de hacer dinero, lo que lleva a un precipicio sin remedio.

Por eso es explicable y necesario –y el mismo Keynes lo deja caer- un paro estructural que produzca el equilibrio necesario entre la oferta de producción, marginalidad económica del empresario y satisfacción de la demanda de los consumidores.

Dicho con otras palabras: si yo tengo muchos millones de dólares o euros, hasta el punto que puedo gastarme un millón al día (cosa, creo yo imposible, pero valga como ejemplo), mi esfuerzo consumista se reduce a mí y a otros muy pocos como yo, pues que yo sepa, son más los no millonarios que los millonarios.

Pero si un pobre se gasta todo lo que tiene en comer a diario, está cumpliendo la regla de oro del consumismo y la demanda, sin que ello lleve a la temida inflación que sí nos llevaría el gasto de muchos millones por unos pocos y que no satisfarían sus necesidades en absoluto.

Claro está que todo eso se resuelve con esa máquina de hacer dinero que, a veces, algunos gobiernos han utilizado, sobre todo los bananeros y tercermundistas.

Recetas económicas las hay para todos los gustos. El bueno de Keynes lanzó sus teorías a sabiendas que no se pondrían en marcha hasta muchos años después, cuando la sociedad en general, tras dos guerras mundiales terribles y un hundimiento escalofriante de Wall Street en el año 1929, hizo que las naciones elaborasen una especie de Plan Marshall económico para no dejar caer toda la economía mundial.

Fue ahí donde surgió la encomienda de “el Estado del Bienestar”, que ahora, algunos agoreros sostienen que desaparecerá, pero que otros, como yo mismo, sostienen lo contrario. Eso sí, los parámetros que hasta ahora se han combinado distarán algo (bastante) de los que en un futuro primarán. Es decir: “habrá Estado del Bienestar, pero menos.”

No nos engañemos ya que esto son lentejas.

M. Bono_ antes de las elecciones del día 20


martes, 15 de diciembre de 2015

EL DEBATE A DOS DEL DIA 14 DE DICIEMBRE



Anoche vi en televisión el tan cacareado debate a dos de estas próximas elecciones generales. Como es evidente saqué alguna conclusión.

Debo reconocer que no soy adicto a la TV por definición y que el sólo hecho de haber estado más de dos horas delante de un televisor, ya de por sí me produce dolor de cabeza, malestar y unas cuantas cosas más.

Para rematar lo dicho, la política que se practica en España es cualquier cosa menos política. Los adversarios parecen más leones enjaulados o gladiadores de un circo romano que políticos serios. Si a todo esto le añadimos lo que viene llamándose el “Quinto Poder”, es decir, la manipulación de las masas a través de la televisión y de las Redes Sociales en Internet que, a su vez, proceden acorde al dictado de tal o cual ideología, la tarta está hecha.

Yo no vengo aquí a defender a nadie. Tampoco a incriminar ni siquiera a afear la conducta a nadie. Pero sí quiero hacer un somero análisis de lo que mis ojos vieron y mis oídos escucharon. Todo eso llegó a mi mente y es mi cerebro, como suele, el que me obliga a decir lo que ahora pretendo.

En primer lugar, entiendo que algo como lo de ayer, que está (o debería estar) pactado, no puede convertirse en un cuadrilátero donde dos púgiles arremeten el uno contra el otro como si de ganar un premio de boxeo se tratara. Ayer lo que vimos fue lo más parecido a eso.

Tampoco es correcto, desde mi punto de vista, llegar a una cita semejante, con las pistolas cargadas con un único tipo de bala y no dejar de disparar hasta que el cargador se vacíe o el tiempo dé por muerto al contrincante.

Y, por último, llegar al insulto personal no sólo es miserable, deleznable y ruin, como advirtió el Presidente del Gobierno de España –aunque en política, al parecer, hoy todo vale-.

Como conclusión al planteamiento de estas tres premisas se debe decir, y yo así lo hago, que el candidato a la presidencia por el PSOE, que sabe perfectamente (y si no lo sabe ya es hora que alguien de los suyos se lo diga) que no va a llegar a ser Presidente del Gobierno, trató por todos los medios y de manera machacona, apabullar a un Presidente que es mucho más decente y honesto que él.

Apabullarlo sí lo consiguió, pero eso, a mi entender, no es hacer política sino huir hacia delante porque alguien hay, que no es precisamente Rajoy, que anda tras de él pisándole los talones y hurtándole votos a espuertas.

Los argumentos esgrimidos por el señor Sánchez son banales y vayamos a ver si no inventados. Los de Rajoy están basados en datos fidedignos que emanan, se supone, de la Administración. Llevar una carta de una ciudadana de Valladolid quejándose de que la aportación por su desempeño en labores de dependencia le ha sido recortada, ni es serio, ni merece la pena pararse en ello.

Otra cosa sea que, el daño causado por una persona, a la que Rajoy encumbró en el Partido y que resultó ser un golfo, no un criminal o delincuente, como aseveró Pedro Sánchez, le haya hecho al Partido Político que él preside más daño que todos los recortes.

Los recortes son debido a una herencia socialista dejada por el anterior Presidente de Gobierno, que no supo o no quiso hacer las cosas bien; no obstante, y en honor a la verdad –a la mía- reconozco que Rodríguez Zapatero, muy lejano a mis ideas, fue un político honesto, aunque bastante equivocado. Y que, con él, es decir, con Rodríguez Zapatero, los españoles hemos llegado a los niveles de corrupción, desempleo y hartazgo de la política más elevado en toda la historia de la democracia española.

Dicho esto, nada o casi nada queda. ¿Quién ganó el debate? Creo que lo perdimos todos. Ni siquiera los llamados “emergentes”, es decir, Podemos y Ciudadanos salen ganando, como algunos han llegado a afirmar con frivolidad.

El problema de España es una lacra que está cautiva bajo una gran losa de nostalgia, por un lado, arribismo por otro y despreocupación intelectual por los ciudadanos.

Nací antes de la Transición y he vivido todas y cada una de las vicisitudes de este período de la historia de España, por lo que nadie puede contarme milonga alguna. Mas sí he de denunciar que los españoles somos un pueblo cainita en donde la codicia, el desprecio hacia el prójimo y la poca vergüenza, unido todo a un nivel cultural muy bajo, abundan en demasía. Aquí se llora cuando el agua te ha llegado al cuello. Aquí se utiliza la desgracia de la gente para enarbolar banderas de unidad y pseudo-amor hacia esa gente. Aquí tenemos un sistema que hace aguas, no ya por la corrupción, que existe en todas partes -y seguirá-, sino porque desde el primer mandatario de la nación, pasando por los reyezuelos de taifas de las Autonomías, Alcaldes y demás especies políticas, han entendido esta como su medio de vida. Y eso no debe ser así, ni sucede en ninguna parte del mundo, salvo en países tercermundistas o en repúblicas bananeras caribeñas o de la Pampa.

Desde mi punto de vista, anoche perdimos todos los españoles, repito; y hasta Podemos y Ciudadanos debieron quedar maltrechos. Con semejantes mimbres es imposible reconstruir nada.


M. F. Bono_ en Sevilla, el día después

lunes, 14 de diciembre de 2015

Don Crispín el Temoso

Don Crispín Cebollero y Matarrubia, de profesión pichelero, en absoluto pugnaz en su trato, casado en segundas nupcias con doña Filomena Martínez de Rabayón, de soltera Filo la Helgada, ha sido protagonista de un incidente ocurrido en el conocido Café Gijón de Madrid.

Los sucesos se produjeron a consecuencia de la pichicharra que engarró el tal Crispín Cebollero, más conocido en su barrio del Retiro como Crispo el Temoso, de no abandonar el local que da cobijo a la turba de artistas, literatos, musas y otros semovientes que por allí hacen boruca.

La presencia en el establecimiento de la policía municipal, a la que se requirió en un primer envite, no tuvo el efecto ansiado; el cabo Ciríaco Tejeringo Gómez argumentó, que en el reglamento del cuerpo no existe precepto alguno que determine la intervención de los guindillas mientras no se barafuste ni se arme trepe.

- ¡Vamos, que tiene que haber sangre!
- Pues, sí señor.

Ante el chasco se llamó a los bomberos.

- Pues, mire usted: tampoco se pudo conseguir gran cosa. Intentaron ajorrar al Temoso y, ante la renitente actitud de éste desistieron.

 Don Crispín riló y como gato agostizo quedó hecho un fardel.

- ¡Fíjese usted qué cosa!
- Pues sí, tiene usted toda la razón.
- ¿Y qué pasó?
- Se llamó a Protección Civil, que están para eso.
- Llegarían los protectores dispuestos a todo, ¿no cree usted?
- Está usted en lo cierto, mi querido amigo.

Dos psicólogos y otro, que no sé si era también psicólogo, se aproximaron al Temoso, perdón, a don Crispín, en actitud dialogante y fraternal, tratando de persuadir al morueco. Éste se hacía el roncero. Los psicólogos rocigaban entre ellos y se intercambiaban escuchitos. Circuyeron a don Crispo y con dilección estuvieron hablando un buen rato. Mientras, los mirones, opilando la puerta, tratábamos de pescar algo, sin resultado. Los camareros cruzaban los dedos, ansiosos de que aquel pelma se fuese de una vez. Alfonso hacía rato que había cerrado el retablo de las maravillas y se había dado el piro.

Eran las cinco de la mañana cuando don Crispo abandonaba el local, flanqueado por los samaritanos de Protección Civil, y arriendado por fin.

Don Crispín Cebollero y Matarrubia, alias Temoso, encaminó su andar, Alcalá arriba; cruzó Independencia por la embocadura de Alfonso XIII; y por O´Donnell, rozando la verja del Retiro, torció por Menéndez y Pelayo hasta llegar a Menorca, su domicilio, donde la Filo estaría espatarrada en el lecho, y le recibiría con cierto desabrimiento.

Esto pensando, cuando traspasaba el zaguán, un ligero orvallo caía del cielo y, allá a lo lejos, por el camino de la sierra, lostregaba sin cesar.


                                                         Madrid, 10 de agosto de 2001

España a la deriva: detrás llegará Europa

La música de Beethoven y las palabras de la Biblia me dijeron una misma cosa; eran agua de un solo manantial..., del único manantial del que brota el bien para el hombre.

Me di cuenta, señor Ministro, que su discurso y el de sus colegas gobernantes, no proceden de ese manantial, que carecen de lo que puede dar importancia y valor a la palabra humana. Les falta amor, les falta humanidad.

Los pueblos siempre estuvieron repletos de tontos ignorantes. Poco me importa que hoy haya muchos entusiasmados con lo que ayer pasó. También votaron con ardor por Barrabás, cuando pudieron elegir entre Jesús y el asesino. Tal vez sigan siempre votando por Barrabás. Pero eso no es motivo para votar con ellos.

El problema en España es que todos son Barrabás y no hay ningún Jesús.

M. F. Bono_Punta Umbría


Júpiter y la vida en la Tierra

Como una gigantesca bola de demolición, durante la infancia del Sistema Solar, Júpiter avanzó hacia el Sol desde el extrarradio donde se había formado. El empujón de aquella masa gigantesca arrasó una primera generación de planetas, algo más grandes que la Tierra y con atmósferas más densas, muy distintos de los que hoy ocupan las primeras filas en torno a nuestra estrella. Sacados de sus casillas orbitales, comenzaron a chocar entre ellos y acabaron hechos añicos y lanzados contra el Sol. Con los escombros de aquel derribo, se formaron los planetas terrestres actuales, de Mercurio a Marte, más pequeños y con atmósferas menos densas que las habituales en otros sistemas planetarios conocidos.

Esta es la hipótesis planteada esta semana por un equipo de investigadores de EE UU en la revista PNAS para explicar por qué el Sistema Solar es distinto a los cientos de sistemas planetarios descubiertos durante los últimos años. En estos mundos lejanos descubiertos por telescopios como Kepler, la masa de los planetas terrestres cercanos a su estrella es mayor que la de los solares. Además, normalmente, en estos sistemas hay al menos un planeta mayor que la Tierra orbitando a una distancia menor que Mercurio y en general se encuentran más próximos a su estrella.

Los cambios provocados por Júpiter hacen que la atmósfera de la Tierra sea diferente a la de otros sistemas planetarios.

Las simulaciones propuestas por los científicos de la Universidad de California en Santa Cruz y el Instituto Tecnológico de California (EE UU) sugieren también que hubo un segundo movimiento que permitió la aparición de los planetas terrestres que conocemos. Durante aquellos primeros millones de años de vida del Sistema Solar, cuando Júpiter parecía lanzado hacia una colisión ineludible contra el Sol, apareció un segundo gigante que detuvo la caída. El planeta de los anillos se formó más tarde, pero fue atraído a mayor velocidad hacia la estrella de tal manera que acabó atrapando a su hermano mayor.

Cuando los dos planetas estaban lo bastante próximos, quedaron trabados en lo que se conoce como resonancia orbital. Cada vez que Júpiter completaba una vuelta en torno al Sol, Saturno completaba dos, produciendo un tirón mutuo acompasado, como una madre que impulsa a su hija en un columpio, que detuvo el avance de los dos objetos. En ese punto comenzó un retorno, desde las 1,5 unidades astronómicas de distancia mínima hasta el Sol (una unidad astronómica es la distancia que separa el Sol de la Tierra), hasta las 5 de la actualidad.

Con esa retirada, fue posible que los restos de la escabechina que había provocado el ataque inicial de Júpiter sobreviviesen para formar los planetas terrestres actuales. Según explican los autores, su hipótesis requiere varios millones de años para que los trozos de planetas fruto de la primera destrucción se volviesen a reunir. Esto cuadra con los datos que sugieren que la Tierra se formó entre 100 y 200 millones de años después de la aparición del Sol. Además, la formación del planeta tiempo después de que se disolviese la nube de hidrógeno y helio en la que surgió el Sistema Solar, explicaría por qué la Tierra no contiene hidrógeno en su atmósfera.

La aparición de la Luna tras un choque catastrófico facilitó la aparición de la vida en la Tierra.

Por último, el camino de ida y vuelta de Júpiter acabó produciendo una peculiaridad más del Sistema Solar frente a la mayoría del resto de sistemas conocidos: la existencia de dos gigantes gaseosos muy alejados de la estrella. En el también improbable caso de que estos monstruos existan, suelen encontrarse próximos a su astro.

El estudio publicado en la revista PNAS sugiere que el entorno planetario en el que surgió la vida puede no ser tan común. Además, en el caso de la Tierra, habría que contar con otro fenómeno desastroso que acabó creando unas condiciones favorables para el desarrollo de los seres vivos. Hace 4.500 millones de años, cuando se estaban empezando a formar de nuevo planetas a partir de los restos que quedaron tras el empujón de Júpiter, la Tierra colisionó con otro cuerpo menor. Del choque, que prácticamente destruyó nuestro planeta, surgió la Luna. Este satélite, mucho mayor en relación al planeta que orbita que otros objetos similares del Sistema Solar, estabilizó el eje de la Tierra frente a las influencias gravitatorias del Sol o Júpiter, que lo habrían convertido en un mundo inhóspito con cambios de temperatura brutales en periodos relativamente cortos.


Así, dos sucesos desastrosos pudieron convertir el Sistema Solar en un lugar peculiar donde pudo aparecer un planeta de circunstancias infrecuentes como la Tierra en el que apareció algo tan extraño (por lo que se conoce hasta ahora al menos) como la vida.

domingo, 13 de diciembre de 2015

AGUJEROS DE GUSANO

Un agujero de gusano es un túnel que conecta dos puntos del espacio-tiempo, o dos Universos paralelos. Nunca se ha visto uno y no está demostrado que existan, aunque matemáticamente son posibles.
Se les llama así porque se asemejan a un gusano que atraviesa una manzana por dentro para llegar al otro extremo, en vez de recorrerla por fuera. Así, los agujeros de gusano son atajos en el tejido del espacio-tiempo. Permiten unir dos puntos muy distantes y llegar más rápidamente que si se atravesara el Universo a la velocidad de la luz.
Según la teoría de la relatividad general de Einstein, los agujeros de gusano pueden existir. Tienen una entrada y una salida en puntos distintos del espacio o del tiempo. El túnel que los conecta está en el hiperespacio, que es una dimensión producida por una distorsión del tiempo y la gravedad.
Einstein y Rosen plantearon esta teoría al estudiar lo que ocurría en el interior de un agujero negro. Por eso se llaman también Puente de Einstein-Rosen.
¿Se puede viajar en el tiempo?
Una cosa es que existan los agujeros de gusano y otra muy distinta que puedan utilizarse para viajar en el espacio y el tiempo.
Los científicos creen que un agujero de gusano tiene una vida muy corta. Se abre y vuelve a cerrar rápidamente. La materia quedaría atrapada en él o, aunque consiguiera salir por el otro extremo, no podría volver. Evidentemente, tampoco podríamos elegir adónde nos llevaría.
Según la relatividad general, es posible viajar al futuro, pero no al pasado. Si se pudiera viajar al pasado, podríamos alterar la Historia, por ejemplo, haciendo que nunca naciéramos. Sería algo imposible.


El Retiro en junio

Una pareja de enamorados. Entrelazadas las manos, pasan manifestando deliquios amorosos. Bancos de madera, bancos de jardín de recia madera en las lindes del camino boscoso. Tilos, moreras, pinos y cimbreantes álamos; algún almez. 

En los bordes del amplio paseo, restos de hojas recogidas, quizás esta misma mañana, por los jardineros del parque.

Gorriones grises, saltarines, incansables en su continuo picoteo; palomas que arrullan, voraces palomas pendientes de cualquier resto que les pueda llamar la atención; mirlos negros, negros mirlos tímidos.

Al fondo, hasta la verja que separa el parque de la vía Menéndez y Pelayo –vía transitada por coches constantemente- la vista contempla un verde intenso bajo la sombra de esbeltos pinos; más adelante, el mismo verde soleado, más intenso, más vivo: hasta allí no abarca la sombra.

Quietud y sosiego. La gente pasa. Uno viene y pide cinco duros, con educación. ¡Hay tanta gente desarraigada!

Las madres, con sus niños pequeños, empujando capachos.

Algunas abuelas traen al parque a los nietos. Muestran dulzura; toda la dulzura que sólo las abuelas describen.

Dorado verde de las encinas anchurosas, verde que refleja los vesperales rayos del sol. Verde oscuro en la fosca hondura verde. Azulado verde de las elegantes sóforas, de los centenarios robles. Verde pálido, matizado, casi ocre de los copudos plátanos. Brillante verde de los tilos y de los anchos almeces. Verde perpetuo de los sombrajosos cipreses calvos; limpio verde de los altísimos álamos.

Un perro pequeño, de esos que llaman caniche, blanco, salta nervioso junto a sus amos, sobre el verde y cuidado césped de la explanada ajardinada.

La gente se sienta en los cómodos bancos. Es agradable.

Ya son las siete. A esta hora el Retiro es un lugar placentero que brinda frescor y sombra. Aún no ha llegado el estío. La primavera está acabando.


                                      Madrid, año 2000

Uno se pregunta

Uno se pregunta.

Uno espera.

Uno no obtiene respuesta.

Preguntar es dudar.

Saber es salir de la oscuridad.

La luz se presenta al despuntar el día.

La esperanza aún no se pierde.

Uno sabe que la esperanza es virtud.

Uno sabe que la respuesta es caridad.

Preguntar es dudar.

Duda, esperanza y caridad.

El inexorable tiempo aniquila lo banal.

El tiempo físico es efímero.

El tiempo dimensional es infinito.

No existe respuesta infinita.

Nuestras vidas están repletas de dudas.

Y la esperanza es lo único que sostiene la calma para vivir.


Si la Fe la perdemos, mejor no esperar.

Crítica a la religión

CRÍTICA A LA RELIGIÓN

Un temor me acomete aquí: no vayas a creer que te inicias en los principios de una ciencia impía y que entras por un camino sacrílego. Al contrario, las más veces es ella, la religión, que ha engendrado crímenes e impiedades. Así en Áulide, los caudillos elegidos de los dánaos, flor de los héroes, torpemente mancillaron con la sangre de Ifigenia el altar de la Virgen de las Encrucijadas. 

Cuando las ínfulas que ceñían sus virginales trenzas cayeron en partes iguales por ambas mejillas, cuando advirtió de pie junto al ara a su padre afligido, y los sacerdotes a su lado ocultando el hierro, y los ciudadanos deshechos en llanto a su vista, muda de terror caía de hinojos en tierra.

¡Mísera! No le valía en este momento fatal el haber sido la primera en dar al rey el nombre de padre. Asida por manos de hombres, temblorosa, al ara fue conducida, no para salir escoltada al claro son del Himeneo, una vez cumplido el rito solemne, sino para caer, pura, impuramente, en la misma edad núbil, lastimosa víctima inmolada por su padre, a fin de asegurar a la flota partida feliz y propicia. ¡A tantos crímenes pudo inducir la religión!

Lucrecio_"De la naturaleza, I, 80-101